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Arraigar el talento, transformar el campo

Desde hace varias semanas he compartido en este espacio una convicción que considero fundamental: el Guerrero del futuro no será producto de la casualidad. Se construirá a partir de las decisiones que tomemos hoy, de la capacidad para identificar nuestras fortalezas y de la voluntad para transformar nuestras enormes riquezas naturales y humanas en bienestar para las familias guerrerenses.

Hablar del futuro de nuestro estado implica mirar con atención al campo. Ahí está una parte esencial de nuestra identidad, ahora bien a la 4T le han tocado verdaderos retos que enfrentar en los dos periodos que lleva en la presidencia de la república, el concluido por el Licenciado Andrés Manuel López

Obrador y los casi dos años que lleva la doctora Sheinbaum, ahí tenemos el Covid y los dos huracanes, esto sin duda generó retos económicos y humanos sin precedentes. El sector de campo no fue la excepción, nuestra tierra produce mucho en materia agrícola que durante muchos años han sido reconocidos por su calidad. Sin embargo, el gran desafío ya no consiste únicamente en producir más, sino en producir mejor, agregar valor y lograr que lo hecho en nuestra tierra llegue a más mercados nacionales e internacionales.

Precisamente con esa visión el Tecnológico Nacional campus Acapulco llevó a cabo el seguimiento a el conversatorio con el eje de Economía en particular sobre agroindustria, en el que participaron especialistas, productores, empresarios y personas con amplia experiencia en el sector. Siempre he creído que las mejores soluciones nacen cuando somos capaces de escuchar distintas voces y sumar conocimientos. Nadie transforma una realidad por sí solo; los mejores resultados llegan cuando construimos acuerdos pensando en el bienestar colectivo. Qué gran ejercicio el que está realizando esta institución educativa.

La semana pasada en el evento comentado nos dimos cita Lucino García, productor de coco, compartió cómo su experiencia como migrante le permitió descubrir el enorme potencial que tiene esta materia prima guerrerense. Al conocer otros mercados comprendió que nuestro estado tenía todo para competir a nivel internacional, pero también identificó los obstáculos que impedían aprovechar plenamente esa oportunidad.

Nos explicó cómo gran parte del reto no estaba en la calidad del producto, sino en los procesos previos a la exportación. Afinar la preparación del coco antes de su traslado, cumplir con estándares específicos y mejorar los procedimientos logísticos permitía abrir puertas que antes parecían cerradas. A veces el talento y la riqueza ya existen, lo que hace falta es fortalecer los procesos para que puedan competir en igualdad de condiciones.

Ese ejemplo refleja muy bien el rumbo que debemos seguir. La agroindustria representa una enorme oportunidad para que los productos guerrerenses lleguen a muchos más lugares del mundo. Para lograrlo será indispensable fortalecer la trazabilidad de los productos, implementar certificaciones de inocuidad y elevar los estándares de calidad que hoy exigen los mercados internacionales. Se trata de generar confianza, abrir nuevos destinos comerciales y garantizar mejores ingresos para quienes viven del campo.

Al mismo tiempo, debemos impulsar el registro de marcas regionales que permitan identificar con orgullo el origen de nuestros productos. Queremos seguir viendo la etiqueta de “Hecho en México”, pero también aspiramos a que cada vez más personas, dentro y fuera del país, reconozcan la leyenda “Orgullosamente sembrado y procesado en Guerrero”. Detrás de cada uno de esos productos hay familias, comunidades enteras y generaciones que han dedicado su vida al trabajo de la tierra.

Como he señalado en otras ocasiones, durante muchos años el campo mexicano fue relegado por las políticas neoliberales. Se dejó de invertir en quienes alimentan al país y se abandonó a miles de comunidades rurales que poco a poco fueron perdiendo oportunidades de desarrollo. Esa realidad comenzó a cambiar con la llegada del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien devolvió al campo un lugar prioritario dentro de la agenda nacional; invirtió en políticas públicas como Sembrando Vida, Caminos Rurales. Hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum continúa fortaleciendo esa visión con programas e inversiones que buscan consolidar un desarrollo más justo, mientras que en Guerrero la gobernadora Evelyn Salgado ha mantenido un compromiso permanente para respaldar a las y los productores, impulsar infraestructura y acercar mayores oportunidades a las regiones.

Sin embargo, el siguiente paso en el análisis de todos los que participamos en esta mesa es en lograr desde la agroindustria dar empleo a las y los jóvenes, que como siempre lo hemos dicho será la mayor fortaleza de Guerrero, en nuestra bendita tierra tenemos aproximadamente un millón 200 mil jóvenes de 12 a 29 años de edad, esto significa una tercera parte de población en nuestro estado. Se preguntaran y todos estos chicos y chicas deben trabajar en el campo? La respuesta es no, si vemos el campo como agroindustria ahí tenemos trabajo para las y los licenciados en comercio, contadores, abogados, ingenieros procesadores de alimentos, mecánicos, civiles, solo por señalar algunos.

Cada año, entre cincuenta y setenta mil personas abandonan las comunidades rurales buscando alternativas de vida, y una gran parte de ellas son jóvenes. Esa migración representa uno de los mayores desafíos para el futuro de Guerrero. Nuestro objetivo debe ser que las y los jóvenes encuentren en sus propias comunidades motivos para quedarse. Que puedan desarrollar proyectos productivos, acceder a tecnología, recibir capacitación, emprender, innovar y encontrar en la agroindustria una actividad rentable y digna. Arraigar a nuestra juventud significa fortalecer a las familias, preservar nuestras comunidades y aprovechar el enorme talento que existe en cada región del estado.

También debemos entender que el crecimiento solo será sostenible si se construye desde una lógica de colaboración. Necesitamos mercados que funcionen de manera horizontal, donde pequeños productores, empresas, instituciones y gobiernos trabajen como aliados. Cuando todos avanzamos en la misma dirección, el desarrollo deja de concentrarse en unos cuantos para convertirse en bienestar compartido.

Por supuesto, todo ello debe realizarse con absoluta responsabilidad financiera. Cada proyecto, cada inversión y cada política pública deben estar respaldados por una administración responsable de los recursos. Solo así podremos construir un desarrollo sólido, duradero y capaz de responder a las necesidades de las próximas generaciones, porque el futuro requiere visión, pero también disciplina y planeación.

Finalmente, no podemos perder de vista que la agroindustria debe ser, ante todo, socialmente responsable. Detrás de cada producto existen personas que merecen condiciones laborales dignas, oportunidades de crecimiento y una distribución más justa de los beneficios que genera su trabajo.

Estoy convencida de que Guerrero tiene todo para convertirse en un referente nacional de agroindustria, tenemos tierra fértil, talento y una enorme capacidad de trabajo, aquí es posible lograr el desarrollo económico siempre de la mano de la justicia social.

Nos leemos el siguiente martes.

Esthela Damián

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