La integración económica entre México y Estados Unidos se convierte en una ventaja estratégica para el país rumbo a la revisión del T-MEC, pues estados con gran peso político y electoral dependen en gran medida del comercio con México.
Michigan concentra 42.4% de su comercio total con México, mientras que Texas y Nuevo México dependen en 35.1% y Arizona en 28%, respectivamente. Un posible aumento generalizado de aranceles afectaría directamente a sus sectores industriales y agrícolas.
Esta interdependencia fortalece la posición negociadora de México, al demostrar que la relación comercial no es unilateral, sino una alianza económica donde ambos países se benefician y comparten cadenas productivas.
Más allá del volumen comercial, la fortaleza del vínculo México-Estados Unidos está en su integración, reciprocidad y capacidad de resistir escenarios de presión económica.
