Con la sombra del FIFAgate y la polémica designación de las sedes de los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022, el ente rector del balompié internacional y su entonces recién nombrado presidente Gianni Infantino tenían el reto de recuperar una imagen de credibilidad, al tiempo que Estados Unidos insistía en ser anfitrión del máximo torneo futbolístico. Así, Norteamérica obtuvo la sede del primer certamen con 48 selecciones y con lo cual México se convertiría en el único país en recibir tres Copas del Mundo.
La edición de 2026 arranca mañana con la primera organización del torneo en tres países: México, Estados Unidos y Canadá. Será el certamen más largo de la historia, se disputarán 104 partidos. De esos, nuestro país sólo recibirá 13 duelos, mismo número que los canadienses; en realidad, la mayor parte se celebrarán en territorio estadunidense. La llegada de esta Copa estuvo precedida de una investigación emprendida por el Departamen-to de Justicia de Estados Unidos que derivó en el FIFAgate.
Entramado de corrupción
Esa indagatoria destapó un entramado de corrupción en la designación de los Mundiales de Rusia 2018 y Qatar 2022, que derribó al entonces presidente de la FIFA, Joseph Blatter. De modo que el nuevo titular del organismo, Gianni Infantino, tenía el reto de recuperar una imagen de credibilidad. Estados Unidos, mientras tanto, insistía en ser anfitrión del máximo torneo de futbol. Tras el escándalo recibió junto con sus vecinos la sede de 2026
La primera candidatura tripartita ganó la sede de la Copa 2026 sin complicaciones frente a Marruecos, al imponerse en 2018 por 134 votos contra 65. Fue también la primera ocasión en la historia en la que el Congreso de la FIFA –integrado por las 211 federaciones afiliadas– eligió al anfitrión del Mundial en lugar de que lo hiciera el Consejo del organismo –un grupo de altos directivos– como había sido durante décadas.
Carlos Cordeiro, presidente de la federación estadunidense, celebró incluso con sollozos el haber conseguido el torneo después de que ocho años antes vio frustrado un plan para ser anfitrión cuando la FIFA se decantó por Rusia y Qatar. Yon de Luisa, entonces titular de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), aseguró que la región estaba lista para recibir el certamen al tener prácticamente toda la infraestructura.
Norteamérica había ganado con una propuesta de un Mundial a bajo costo, lo cual rompía con las ofertas anteriores, en las que los países se comprometían a invertir cuantiosas sumas para la construcción de estadios, como sucedió con Brasil 2014, donde el gasto superó los 11 mil millones de dólares y dejó recintos que se han convertido en elefantes blancos, como la Arena de Amazonia.
Estados Unidos presumía estadios modernos de la NFL en prácticamente todo el territorio, al tiempo que México tenía la experiencia como organizador de dos Mundiales (1970 y 1986). El punto que coronaría la propuesta fue la posibilidad de generar hasta 14 mil millones de ingresos.
Pero detrás de la novedosa decisión de otorgarle el Mundial a tres países, la FIFA aún resentía las secuelas del escándalo de corrupción que sacudió a la cúpula del organismo.
En la antesala del Congreso 65 de la FIFA en mayo de 2015, en el cual Blatter esperaba su quinta relección, las autoridades suizas arrestaron en un hotel de cinco estrellas de Zúrich a siete integrantes de la cúpula directiva del ente rector del futbol mundial a petición de Estados Unidos bajo los cargos de “crimen organizado” y de “montar un esquema desde la década de 1990 por el que se pagaron más de 150 millones de dólares en sobornos para obtener lucrativos derechos mediáticos y de mercadotecnia en torneos de futbol internacional”.
Los arrestados fueron: Jeffrey Webb (Islas Caimán), vicepresidente de la FIFA y presidente de la Concacaf; Eduardo Li (Costa Rica), miembro de los comités ejecutivos y de la Concacaf; Julio Rocha (Nicaragua), encargado del desarrollo; Costas Takkas (Gran Bretaña), adjunto al gabinete del presidente de la Concacaf; Eugenio Figueredo (Uruguay), actual vicepresidente de la FIFA; Rafael Esquivel (Venezuela), miembro ejecutivo de la Conmebol, y José María Marín (Brasil), miembro del comité de organización de la FIFA para los Juegos Olímpicos de 2016.
Las autoridades estadunidenses también acusaron a otros altos dirigentes como Jack Warner y Nicolás Leoz y a ejecutivos de marketing deportivo, como el argentino Alejandro Burzaco.
Las detenciones
Las detenciones se enfocaron en directivos de la Concacaf y la Conmebol, al tiempo que ningún integrante de la UEFA fue arrestado en ese momento y tampoco ningún mexicano.
Aun entre el escándalo, Blatter consiguió la relección al frente de la FIFA, aunque sólo dos días después anunció que renunciaría al cargo en diciembre de ese año, cuando se realizara la votación para elegir a su sucesor. La presión por el FIFAgate lo había sentenciado a dar un paso al costado.
El episodio provocó que reviviera la controversial elección de las sedes de Rusia 2018 y Qatar 2022, realizada en 2010 y donde el catarí Mohamed Bin Hammam, ex presidente de la Confederación Asiática de Futbol, habría realizado millonarios sobornos para que su país consiguiera la sede de la Copa.
Después de la caída de Blatter vendría la era de Infantino y una alianza de la FIFA con Estados Unidos para impulsar la industria del futbol en el país norteamericano, donde ese deporte tiene una mayor popularidad entre mujeres y aún está lejos de competir en audiencia con la NFL del futbol americano.
La organización del primer Mundial tripartita dio preferencia a Estados Unidos con 78 de los 104 partidos del torneo, entre ellos la final en Nueva York, mientras Canadá y México tendrán 13 cada uno. Sólo como un reconocimiento histórico tras haber albergado las ediciones de 1970 y 1986, se le otorgó al estadio Azteca, nombrado durante el torneo Ciudad de México, el partido inaugural entre el Tricolor y Sudáfrica.
“El Mundial de 1994 transformó Estados Unidos. El de 2026 puede hacerlo en toda la región, empezando por la MLS, que lleva tres décadas de crecimiento sólido”, seña-ló la liga estadunidense de futbol y la cual fue creada apenas dos años después del primer certamen mundialista en ese país.
A diferencia de Europa y América Latina, donde el futbol tiene todos los reflectores y genera millones de ganancias, Estados Unidos es una de las pocas regiones con gran potencial mercadológico, donde la FIFA aún no ha podido desplegar una industria al tener de competencia a la NFL, la NBA de basquetbol y las Grandes Ligas de Beisbol (MLB).
Sin embargo, con la Copa del Mundo 2026, la MLS espera atraer a nuevos seguidores, conseguir una mayor visibilidad internacional y consolidar su relación con la Liga Mx como socios regionales.
“El futbol es el deporte número uno en el mundo. Todavía no lo es Estados Unidos. Este tiene que ser nuestro objetivo”, aseveró Infantino a la cadena TUDN antes del primer torneo mundialista que se realizará bajo sus normas.
