Washington y Nueva York., El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acusó a varios reporteros de “corrupción”, calificó a otros de “criminales” y “antipatriotas”, instó a sus subordinados a advertir a cadenas de televisión que podrían perder sus licencias y sugirió que ciertos periodistas podrían ser denunciados por “traición” debido a reportajes que no son de su agrado.
“Esto sale directamente del guion autoritario”, sentenció la senadora liberal Elizabeth Warren. Incluso algunos ultraconservadores, como el integrante de la Cámara alta Ron Johnson, se vio obligado a declarar que “soy un gran defensor de la Primera Enmienda (de la Constitución que garantiza la libertad de expresión). No me gusta la mano pesada del gobierno, sea quien esté en él”.
El mandatario ha empleado demandas legales e intimidación para amenazar y reprimir a medios durante décadas, y ahora su equipo también emplea los poderes gubernamentales de regulación, como la de autorización de fusiones empresariales de medios, para modificar sus líneas editoriales incluido silenciar temas críticos.
Sanción por tomar “fotos negativas”
La Casa Blanca ha prohibido el acceso de ciertos reporteros a actos presidenciales y la semana pasada el Pentágono evitó el ingreso de varios fotoperiodistas a sesiones de prensa por tomar lo que califican de “imágenes negativas” del secretario de Guerra, Pete Hegseth (cuyo trabajo anterior fue con Fox News).
Desde su campaña electoral –y durante su primer periodo en la Casa Blanca– hasta ahora, Trump y su equipo han repetido sus acusaciones contra cualquier medio o reportero que difunde perspectivas críticas o que divulga información no conveniente al gobierno de promover “fake news”. Pero ahora, esa ofensiva contra medios que no se subordinan a la línea oficial se intensifica en esta coyuntura de guerra y problemas domésticos para el gobierno.
Brendan Carr, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), agencia que emite licencias para la televisión abierta como para canales por cable, se reunió con el jefe de la Casa Blanca en su mansión de Mar-a-Lago este pasado fin de semana y acto seguido advirtió por redes sociales que aquellos canales “que transmitan engaños y distorsiones de noticias –conocidas como fake news– tienen una oportunidad ahora para corregir su curso antes de que llegue el momento de renovar sus licencias”.
El mandatario enseguida tuiteó su endoso: “estoy encantado de ver que Brendan Carr… está revisando las licencias de algunas de estas ‘organizaciones de noticias’ corruptas y altamente antipatrióticas”. El presidente, quien ha distribuido cientos de videos falsos en redes sociales, acusó que algunos medios estadunidenses reportaban notas basadas sobre grabaciones falsas de Irán.
Más aún, resaltó que estos medios “que generaron eso ¡deberían de ser acusados de traición por difundir información falsa!”.
Bajo la ley estadunidense, la pena por traición es la ejecución o encarcelamiento prolongado.
Embestidas sin sentido
Algunos de los ataques del presidente no tienen sentido. Este pasado fin de semana en mensajes separados por sus redes sociales, atacó a The New York Times, a The Wall Street Journal y a la “prensa de la izquierda radical” por difundir lo que él calificó de mentiras y sugirió que la FCC debería de prohibir que operen; sin embargo, esa agencia federal sólo tiene autoridad sobre televisión y radio. Noticieros en línea y medios impresos no están bajo su control. Pero la amenaza tiene su impacto.
“El presidente Trump se ha pasado los pasados 10 años atacando a los medios –desde sembrar desconfianza mediante sus insultos constantes hasta demandar a cadenas sobre coberturas que no le gustan o retirar a representantes de la prensa de conferencias de prensa por razones sin sentido, como qué nombre ponerle al golfo de México”, escribió Tom Jones, reportero veterano, quien ahora trabaja en el Instituto Poynter sobre Periodismo, Verdad y Democracia en Florida. “Estos días, aquí en este Estados Unidos, ¿qué pasa cuándo la prensa cubre de manera precisa y agresiva lo que se vuelve cada vez más en una guerra muy impopular? Los periodistas son amenazados”, reflexionó.
El presidente no oculta su agenda. “Trump realiza una remodelación de los medios”, es el título de una gráfica informativa que el propio mandatario subió a sus redes sociales el viernes. Bajo el encabezado: “Se fueron”, se identificó a la televisión pública (cuyos fondos federales quedaron anulados), el comediante criticó Stephen Colbert (cuyo programa de charla nocturna fue cancelado por CBS, la cadena que fue comprada por uno de los amigos multimillonarios del jefe del Ejecutivo) entre otros 10 que han perdido sus empleos y/o su financiamiento.
En la categoría separada de “reformas”, Trump festeja que CBS le pagó 15 millones de dólares, de que él ha regresado a la plataforma X (ahora propiedad de su amigo Elon Musk) y que él “salvo” a TikTok.
“Cuando el gobierno exige que la prensa se vuelva vocero estatal bajo la amenaza de castigos, algo está muy mal”, señaló Will Creeley, director legal de la Fundación para los Derechos Individuales, en entrevista con el The Washington Post. El senador demócrata Chris Murphy declaró que “no estamos al borde de una toma del poder totalitario, nos encontramos en medio de eso”.
Echa mano de sus amigos multimillonarios
Tal vez la táctica más efectiva para imponer control sobre los medios por la Casa Blanca es a través de intimidar a los dueños multimillonarios de las principales empresas de noticias. El propio Trump se autoelogió sobre cómo los reguladores federales aprobaron la compra de Paramount y CBS News por David Ellison, jefe de Skydance Media y amigo personal del mandatario, con lo cual se instaló una directora de noticias conservadora en lo que era un legendario medio de noticias. El secretario de Guerra expresó su deseo de que lo mismo podría ocurrir en CNN si Ellison logra completar su compra de la empresa matriz de ese canal de noticias.
El dueño multimillonario de Amazon y de The Washington Post, Jeff Bezos, ha limitado de manera dramática la crítica a Trump en su rotativo, con el resultado de que cientos de sus periodistas veteranos se han ido a otras publicaciones o están desempleados.
Marty Baron, el ex director del The Washington Post, entrevistado por The Atlantic sobre quién tiene la culpa por la crisis de su ex periódico, recordó que “el Post realizó su tarea, hizo que el gobierno de Trump rindiera cuentas. Esa es la razón por la cual la gente decidió suscribirse con el diario”.
Cuenta que cuando Jeff Bezos compró el rotativo en 2013, se acababa de instalar el modelo de suscripciones pagadas para ingresar a su sitio, y tenían 35 mil registrados y que para cuando Baron se fue en 2021, contaba con 3 millones de lectores.
Se suscribieron, aseguró, “porque tenían confianza en lo que hacíamos… llegaron porque estaban preocupados de que un presidente, Donald Trump, abusaría de su poder… que alguien como él tenía que ser obligado a rendir cuentas, que la prensa tenía un papel crítico para jugar bajo la Primera Enmienda… Por eso apoyaban al Post”. Pero eso, sugirió, se empezó a perder cuando el dueño empieza a ceder ante el ocupante de la Casa Blanca.
Este tipo de presiones por el gobierno podría ser particularmente efectivo en un sector de medios estadunidense cada vez más vulnerable, sobre todo, en los impresos donde en promedio dos periódicos cierran sus puertas cada semana y donde más de 250 empresas de medios cambiaron de dueño en el transcurso de 2025.