El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a encender la controversia internacional al plantear una posible “toma de control amistosa” de Cuba, en medio de la profunda crisis económica que atraviesa la isla. Antes de partir hacia Texas, el mandatario afirmó que el tema se estaría abordando “a muy alto nivel” junto con el secretario de Estado, Marco Rubio, lo que abrió la puerta a un escenario de presión diplomática aún mayor.
Las declaraciones se producen mientras Washington endurece su política hacia La Habana, incluyendo nuevos aranceles contra países que vendan petróleo al gobierno cubano. Trump justificó su postura al asegurar que la isla “no tiene dinero” y enfrenta serios problemas financieros, en un contexto marcado por escasez de alimentos, medicinas y combustibles, además de constantes apagones que afectan a millones de personas.
La propuesta generó reacciones en América Latina. La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, advirtió que la presión económica podría agravar la crisis humanitaria y llamó a privilegiar el diálogo y el respeto al derecho internacional. Mientras tanto, la combinación de sanciones externas y fragilidad interna mantiene a Cuba en uno de los momentos más críticos de las últimas décadas.