El gobierno de Estados Unidos encendió las alarmas internacionales luego de que la Casa Blanca confirmara que Donald Trump evalúa “diversas opciones” para adquirir Groenlandia, incluido el uso de las fuerzas armadas. En un comunicado oficial, la administración estadounidense calificó la anexión del territorio como una “prioridad de seguridad nacional”, desatando preocupación entre aliados europeos y gobiernos de la región.
Las declaraciones llegan apenas días después de la intervención militar de EE.UU. en Venezuela, donde tropas estadounidenses capturaron al presidente Nicolás Maduro. Para analistas y líderes europeos, el mensaje es claro: Washington estaría dispuesto a recurrir a la fuerza para imponer sus intereses geopolíticos, ahora con la mirada puesta en Groenlandia, territorio semiautónomo de Dinamarca y pieza clave en el control del Ártico.
La reacción en Europa fue inmediata. Los gobiernos de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y Dinamarca emitieron un comunicado conjunto en el que afirmaron que “Groenlandia pertenece a su pueblo” y que cualquier decisión sobre su futuro corresponde exclusivamente a Dinamarca y al propio territorio. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, fue más lejos al advertir que un ataque estadounidense significaría el colapso de la OTAN.
Pese a ello, figuras clave del entorno trumpista endurecieron el discurso. Stephen Miller, asesor cercano al presidente, aseguró que es la posición formal del gobierno estadounidense que Groenlandia “debería ser parte de Estados Unidos”, y afirmó que nadie se atrevería a enfrentar militarmente a Washington por el control de la isla.
GROENLANDIA DICE NO: MIEDO, INDIGNACIÓN Y RECHAZO A TRUMP
En Groenlandia, la postura es contundente. Aunque existe un debate interno sobre una eventual independencia de Dinamarca, las encuestas muestran un rechazo abrumador a integrarse a Estados Unidos. Habitantes del territorio expresaron temor tras ver lo ocurrido en Venezuela y cuestionaron si su primer ministro podría correr la misma suerte que Maduro.
“Es aterrador que hablen de nosotros como algo que se puede reclamar”, afirmó Morgan Angaju, ciudadano inuit de 27 años. “Kalaallit Nunaat es la tierra del pueblo groenlandés”, subrayó, advirtiendo que el discurso de Trump abre la puerta a una posible invasión.
Con el antecedente de Caracas aún fresco, la amenaza sobre Groenlandia refuerza la percepción de que Estados Unidos atraviesa una nueva etapa de expansionismo abierto, donde la soberanía de los pueblos y el derecho internacional parecen quedar subordinados a la lógica de la fuerza.