El mercado internacional del oro ha recibido un golpe inesperado. Refinerías, incluida una de las más grandes de Suiza, han decidido suspender temporalmente sus envíos de lingotes a Estados Unidos ante la incertidumbre generada por posibles aranceles específicos por país. La medida, aún en proceso de aclaración por parte de Washington, amenaza con alterar la cadena global de suministro de uno de los metales más valiosos del planeta.
Todo comenzó con una resolución publicada en el sitio web del Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos, que plantea la posibilidad de aplicar un arancel del 39% a lingotes de oro fundido procedentes de Suiza —el mayor centro de refinado y tránsito del mundo— y, por extensión, a envíos de cualquier país.
El ajuste técnico en la clasificación arancelaria parece mínimo: los lingotes de 1 kilo y de 100 onzas troy (los más comercializados en el mercado de futuros estadounidense) deberán registrarse bajo el código 7108.13.5500, y no bajo el 7108.12.10 como se hacía antes. El problema es que en abril, Washington excluyó del cobro de aranceles al segundo código… pero no al primero. El resultado: una puerta abierta a que el oro sufra un fuerte impuesto que encarezca su entrada a Estados Unidos.
La Asociación Suiza de Fabricantes y Comerciantes de Metales Preciosos (ASFCMP) lo dejó claro: la medida no discrimina por origen; afectará a todo lingote fundido de esos tamaños que ingrese al mercado estadounidense, sin importar el país de procedencia. “Estados Unidos es un mercado de larga data para nosotros, por lo que esto es un golpe para la industria y para Suiza”, declaró Christoph Wild, presidente del organismo.
Las consecuencias ya se sienten. Una de las principales refinerías suizas suspendió sus entregas a Estados Unidos, y operadores de logística reportan que otros actores del sector, dentro y fuera de Suiza, han hecho lo mismo. La tensión se extiende a otros grandes jugadores del mercado: Reino Unido, como epicentro del comercio extrabursátil de oro, y potencias mineras como Sudáfrica y Canadá observan con cautela.
Mientras tanto, el oro, símbolo milenario de riqueza y refugio financiero, se convierte en protagonista de una nueva disputa comercial que podría reconfigurar rutas y alianzas en el mercado global de metales preciosos.