Un nuevo tiroteo sacudió este lunes la ciudad de Nueva York. El ataque ocurrió en un rascacielos de Midtown Manhattan que alberga oficinas de la NFL, y dejó al menos cuatro personas muertas, entre ellas un agente de policía que fungía como guardia de seguridad. El atacante, identificado como Shane Tamura, de 27 años, se suicidó tras el ataque.
De acuerdo con autoridades locales, Tamura había viajado desde Las Vegas y dejó una nota responsabilizando a la NFL de padecer encefalopatía traumática crónica (CTE), una enfermedad cerebral asociada a impactos repetitivos en la cabeza. Aunque su intención era atacar directamente las oficinas de la liga, tomó el elevador equivocado y abrió fuego en otro piso del edificio.
Una de las víctimas fue identificada como Didarul Islam, un expolicía y padre de familia, quien trabajaba como guardia de seguridad del inmueble.
Según el conteo actualizado de Gun Violence Archive y registros de Wikipedia, este tiroteo representa el número 205 en lo que va de 2025, con más de 198 personas fallecidas y al menos 880 heridas en hechos similares ocurridos en todo el país.
Violencia armada y silencio mediático
A pesar de la gravedad de estos hechos, los medios hegemónicos estadounidenses han mantenido un bajo perfil informativo en torno al tiroteo, evitando relacionarlo con el patrón sistémico de violencia que azota a Estados Unidos desde hace años.
Este nuevo episodio refleja una vez más la crisis estructural de salud mental, acceso irrestricto a armas de asalto y descomposición social que vive la sociedad estadounidense, donde cada semana se registran múltiples tiroteos con víctimas mortales.